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Inicio
Minaya
HISTORIA
INDUSTRIA AGROALIMENTARIA
OCIO Y DEPORTE FIESTAS COMERCIO
Desde
los más remotos tiempos fue Minaya un territorio de paso en la ruta
entre Andalucía y el Levante, una lejana venta
con vocación comercial, dispuesta estratégicamente en la
infinita llanura manchega, haciendo gala de su nombre de procedencia árabe
que significa “Camino abierto y visible”.
Situada al
noroeste de la provincia de Albacete, se encuentra entre La Roda y
Villarrobledo. Antes de la conquista romana, estas tierras fueron
habitadas por Íberos y Celtíberos. Sus primeros pobladores se remontan
al siglo XII, en época de dominación árabe. En su mayoría eran
campesinos dedicados al pastoreo. Con el tiempo fueron asentándose
configurando un pequeño núcleo de
población, ampliando su actividad a la agricultura que, junto a la
ganadería, acabó constituyendo durante siglos la base de su economía.
Tras la
reconquista cristiana Alfonso X concedió estas tierras a su hermano, el
infante Don Manuel con el título de Señorío de Villena. De su afán
por repoblar su inmenso territorio, nació el municipio de Minaya, un 8
de Noviembre de 1330, cuando se lo concedió a una persona de su
confianza, Diego Fernández de Cuenca, para que lo poblara y
administrara. Fue el primero de una larga serie de señores de Minaya,
que durante cinco siglos fueron dueños de estas tierras, hasta que en
1812 las Cortes de Cádiz abolieron los señoríos.
Aun se
conserva el Antiguo Palacio, donde vivieron los diferentes
señores de Minaya. Llevaban la gestión del término municipal como una
vasta hacienda, sometida al vasallaje, basada en la recaudación de
impuestos.
Es una
construcción del siglo XVI, con detalles del pórtico de una capilla en
su patio interior y unas arcadas que podrían haber formado parte de un
claustro mayor que era utilizado también por el inquilino como patio de
armas.
De finales
del siglo XV es su monumento más significativo, la Iglesia
Parroquial de Santiago el Mayor.
Su singular y esbelta torre-fortaleza, donde sobresale al exterior
semicilíndrica la escalera de caracol, es una muestra del carácter
militar que acompañó a algunos edificios religiosos de la geografía
manchega construidos en esta turbulenta época. Su traza es un recorrido
por los diferentes estilos vigentes entre los siglos XV al XVII, tiempo
que duró la obra. Se inició bajo criterios góticos y se terminó bajo
patrón renacentista, como se puede ver en la obra de sus dos pórticos.
Es muy
venerada la imagen de su patrón el Beato Alonso, misionero jesuita mártir
hijo de esta villa muerto en la india en 1583. Uno de los huesos de su
brazo se conserva como reliquia en la iglesia parroquial. En honor a él
se celebran la feria y fiestas de Minaya.
Desde el
pequeño campanario de su modernista
Ayuntamiento, rompiendo con el carácter rústico de su
población, Minaya contempla, fresca la memoria, el importante papel que
ha ido cumpliendo a lo largo de su historia como encrucijada de caminos.
En el
discurrir de los pueblos que iban y venían del norte hacia el sur, y
los que emprendían sus rutas desde el mediterráneo hacia al Andalus,
fue forjando Minaya su leyenda de parada en el camino, de fonda
para el descanso y repostaje.
Como
un vestigio de aquella España de la recua y el carruaje, del caminante
y el caballero a lomos de su caballo, de las largas cuerdas de
caravanas, se conserva en Minaya su antiguo y famoso Parador de
mediados del 1.600. Era venta, mesón y posada. Un lugar bullicioso, de
animado tráfico de personas y mercancías.
Su amplio patio con capacidad para acoger animales y carruajes da una
medida de sus grandes proporciones y de la importancia que tuvo en su
época. Se cuentan entre sus visitantes ilustres Mariana Ana de Austria,
segunda esposa de Felipe IV y madre de Carlos el Hechizado, Luisa Mana
Teresa de Parma, quien a los 14 años vino a España para contraer
matrimonio con su primo, futuro rey Carlos IV, también la visitó
Fernando VII, a su regreso de Francia, una vez terminada la guerra de la
Independencia e Isabel II,
con motivo de la inauguración de la vía férrea, que pasa a tres kilómetros
de la población.
Este
pueblo también llamo la atención de Azorín el escritor levantino dejo
contancia de sus calles limpias, casas blancas y casonas blasonadas.
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