Son acumulaciones
de piedras colocadas ordenadamente para que ocupen el mínimo espacio,
que se sitúan en la periferia o linderos de las parcelas. Si la finalidad
de una linde es la de separar unos terrenos de otros, en nuestro caso esta
utilidad pasa a segundo término, pues su principal función es
la de servir de depósito de las abundantes losas que aparecen en la
tierra, no sólo tras su roturación y ruptura consiguiente de
la costra caliza, sino también tras cualquier labor de arada que se
realice en ella.
Podemos
encontrar en la zona parcelas rodeadas enteramente por auténticas murallas
de piedra de unos dos a tres metros de anchura y hasta casi dos de altura,
quedando en uno de los rincones un portillo para permitir el paso de personas,
animales de labor y, posteriormente, maquinaria agrícola.
MAJANOS
Aunque
en la actualidad llamemos majano a un montón de piedras hecho sin ningún
orden, en otros tiempos las piedras eran colocadas una a una con la finalidad
de acumular el mayor número de ellas en el menor espacio posible, por
eso aunque algunos eran de forma cuadrada o rectangular, la mayoría son de planta circular, forma geométrica ésta que permite conseguir el máximo volumen con la menor superficie
ocupada. Hoy día y gracias a que el agricultor dispone de la maquinaria
adecuada para trasladar la piedra a otros lugares, no se construyen majanos
sino que se amontonan las piedras de cualquier manera en sitios donde no molesten.
Es famoso
en Minaya un gran majano conocido con el nombre de "Majano de la Milaria",
debido no sólo a su tamaño sino también por el hecho
de estar coronado por un vértice geodésico colocado por el Instituto
Geográfico y Catastral aprovechando que es el único punto de
cierta altura de los alrededores, y como tal aparece en la hoja nº 741
del mapa de España realizado por el citado Instituto, aunque aparece
con el nombre de "Cucaña". Se encuentra a unos dos kilómetros
hacia el noreste del pueblo.
HITOS
Pequeñas
torres cilíndricas hechas de piedras que no sobrepasan los dos metros.
Se colocan en lugares estratégicos de las parcelas para delimitarlas
en aquellos terrenos donde la piedra no abunda y no es posible construir una
linde. También se colocan como elementos de adorno en la parte superior
de majanos, chozas y cubillos.
ABRIGOS
Son simples
muros hechos de piedras que se utilizan, como su nombre indica, para protegerse
del viento en los cortos momentos de descanso de las faenas agrícolas.
Construidos en diferentes formas y tamaños, tienen la característica
común de estar orientados al abrigo del viento de poniente que es predominante
en la zona. Algunos son dobles, es decir, ofrecen también abrigo al
viento de levante o solano que sopla en algunas épocas del año.
Son habitáculos
cubiertos cuyos muros están hechos de piedra, utilizándose,
muy pocas veces, algo de barro como elemento de sujeción. También
el barro se utiliza ocasionalmente para enlucir los muros interiormente con
la finalidad de evitar el paso del viento. La techumbre está formada
por diversos materiales, unos naturales: losas, piedras, tierra, ramas, retamas,
sarmientos, troncos y palos; y otros artificiales: chapas, losetas de ladrillo,
madreros, tablones, uralitas, etc. Sus formas son de todo tipo: circular,
cuadrada, ovalada, rectangular, semicircular, triangular y otras irregulares.
Su utilidad
es la de servir de refugio momentáneo, por lo que la mayoría
de las 94 censadas no disponen de elementos internos. No obstante, encontramos
algunas con alacena, chimenea o pesebre.
Sin duda
son los elementos más llamativos de la arquitectura rural de la zona.
Construidos exclusivamente con losas, su planta es circular si bien encontramos
algunas excepciones que presentan planta cuadrada o rectangular (de los 118
censados, sólo cuatro no son circulares). Su aspecto exterior es de
un tronco de cono de perfil parabólico, aunque en algunos esta forma
es irreconocible por hallarse cubiertos de piedras formando un cubillo-majano,
de tal forma que sólo sabremos que estamos frente a un cubillo cuando
nos encontremos delante de su entrada.
La técnica
constructiva no requiere grandes conocimientos de arquitectura, solamente
grandes dosis de habilidad y paciencia. Partiendo de la forna circular de
la base formada por losas embutidas en la tierra, se van colocando ciudadosamente
más losas ayudándose con piedras pequeñas para que aquellas
queden perfectamente encajadas. Tras construir una pared vertical hasta cierta
altura, poco a poco se va estrechando la circunferencia hasta llegar a la
cúspide, donde se coloca una gran losa, cuyo peso comprime toda la
estructura y permite que ésta se mantenga en pie. Algunos cubillos
se encuentran enlucidos interior y/o exteriormente con una capa de barro o
mortero, pero no debemos pensar que se trata de un elemento de fijación
de las losas, sino que su finalidad es evitar el paso del viento.
Las dimensiones
son muy variables: el diámetro interior oscila desde 1'10 hasta 4'70
metros, la altura desde 1'60 hasta 7'60 metros, y el grosor del muro en la
base desde 40 hasta 145 centímetros, aunque la mayoría estén
entre 50 y 110, encontrándose excepcionalmente uno de 170 centímetros.
La entrada
se orienta, generalmente, hacia el sur con el fin de aprovechar la máxima
intensidad de luz dentro del cubillo. Su altura oscila desde los 90 centímetros
hasta los dos metros, y su anchura desde los 35 hasta los 90 centímetros
(excepcionalmente encontramos una de 150). Las dimensiones de la entrada de
algunos cubillos nos hacen pensar que fueron utilizados como estancia de animales
de labor: asnos y mulas de media alzada.
El dintel
de la entrada se construye con grandes losas, bien una, dos o tres dispuestas
horizontalmente (69 de los 118 censados), o bien dos o cuatro losas inclinadas
dispuestas en forma de "V" invertida (32 del total). Como excepciones
encontramos: cuatro dinteles formados por palos dipuestos horizontalmente
sobre los que descansan las losas, y en cinco son un palo y una o dos losas
los elementos que conforman el dintel. Uno no pudimos observarlo al estar
la entrada cubierta de piedras.
Son muchos
los cubillos que disponen de elementos internos que facilitan la habitabilidad
de los mismos: alacenas, asientos, fogones con chimenea, perchas de palo,
ventanillos, etc., y en algunos podemos encontrar pesebres que permitían
la estancia de animales de labor. Esto no quiere decir que aquellos cubillos
que no dispusieran de pesebre no eran aptos para albergar a los citados animales
por no tener un lugar donde ponerles la comida, ya que en ellos ésta
se colocaba en la sarrieta (recipiente hecho de esparto) que se colgaba de
perchas.
Muchos
son los cubillos que tienen algún tipo de elemento externo: contramuro,
rampa, pasillo de entrada, corral, etc.. El contramuro es una acumulación
de piedras colocadas ordenadamente alrededor del cubillo, cuya finalidad es
la de reforzar la estructura e incluso evitar el paso del viento, además
de servir como depósito de piedras de tal forma que en algunos la acumulación
ha sido tal que ha dado lugar al cubillo-majano.
La rampa
es una especie de contramuro de forma de espiral ascendente que, aparte de
reforzar la estructura, permite acceder a la parte superior del cubillo, facilitando
su construcción y reparación.
En algunos
casos, la entrada se realiza a lo largo de un pasillo hecho con paredes de
piedra, cuya función es la de impedir el paso del viento al interior
del cubillo.
Formados
por gruesos muros de piedra, los corrales adosados a algunos cubillos servían
para recoger al ganado y a los animales de labor.
La necesidad
de recoger agua de lluvia, almacenarla y conservarla en estado idóneo
para ser consumida por el ser humano, ha sido una cuestión de vital
importancia en aquellos lugares donde era imposible la perforación
de un pozo de aguas permanentes. Para conseguir tal fin, se excava en tierra
un depósito que se impermeabiliza con algún tipo de argamasa,
y se cubre de diferentes formas, dejando una serie de aberturas para la entrada
y salida del agua y la extracción de la misma. Esta estructura así
formada es conocida con el nombre de Aljibe.
En la
zona estudiada se encuentran tres tipos de aljibes clasificados según
la forma que presentan exteriormente.
Tipo 1: La forma
característica de estos aljibes es la de una construcción
cilíndrica, cuyas medidas oscilan alrededor de un metro de diámetro
y dos metros de altura, hecha de piedras unidas con argamasa. En la base
se dejan dos pequeñas aberturas, una para la entrada de agua o
sumidero y otra para la salida de ésta cuando el aljibe se llena
o rebosadero, y a media altura se deja una abertura mayor con forma de
ventana y de dimensiones adecuadas para permitir la extracción
del agua, que se realiza con una cuerda y un cubo o zaque y con ayuda
de una garrucha que culega de uno de los palos que forman la techumbre
de la construcción.
El
depósito de este tipo de aljibe es como una gran botella, es decir,
la parte superior es una abertura circular que se va ensanchando hasta llegar
al fondo.
Aljibe tipo 1. Casa Lanas (Villarrobledo)
Tipo 2: Su forma
exterior asemeja a una casa de planta rectangular hecha con tapias de
tierra prensada y con cubierta a dos aguas. Dispone, al igual que el anterior
tipo, de las tres aberturas para entrada, salida y extracción de
agua, y asimismo cuerda, cubo y garrucha son los elementos utilizados
para sacar agua del aljibe.
El
depósito es un prisma de base rectangular de dimensiones variables.
Aljibe tipo 2. La Relojera (Villarrobledo)
Tipo 3: Si bien
la forma del depósito de estos aljibes es la misma que la del tipo
anterior, la llamativa forma exterior que presenta nos permite decir que
son los elementos de arquitectura del agua más interesantes de
la zona. La cubierta de este tipo de aljibes es una bóveda de cañón
realizada con sucesivas arcadas de grandes losas dispuestas al igual que
las dovelas de un arco, encajándose las de un arco con las del
siguiente, rellenándose los huecos con pequeñas piedras
y tierra.
Las aberturas de
entrada y salida de agua se encuentran en los extremos de la bóveda
y en su parte inferior, mientras que la de extracción de agua está
en la parte superior de la misma, realizándose dicha extracción
con cuerda y zaque a mano, sin ayuda de polea. A algunos de estos aljibes
se les ha añadido, posteriormente, una construcción parecida
a la del tipo 1 donde se puede colocar la garrucha para extraer el agua
con mayor comodidad.
Las características
de este tipo de aljibes nos permite pensar en su gran antigüedad,
incluso en su procedencia árabe.
Aljibe tipo 3. Moharras (Villarrobledo)
Aljibe tipo 3. Casa del Carmen (La Roda)
Todos estos tipos de
aljibes disponían de pilas y pilones de piedra donde abrevaban los
ganados y animales de labor. Desgraciadamente, y a consecuencia de la moderna
vorágine depredadora de antigüedades, la mayoría de estas
pilas y pilones ha desaparecido.
El aljibe se construye
en un declive del terreno y para recoger el agua de lluvia se excava una
reguera con ramificaciones que desemboca en la poza o aclarador. La finalidad
de este elemento es la de evitar que piedras y tierra que arrastra el agua
pasen al depósito del aljibe. A la salida de la poza, situada en
su parte superior, se coloca un haz de leña, una gavilla de sarmientos
o una malla para que los cuerpos flotantes no sigan hacia el aljibe. Un
canal une la poza con el depósito a cuya entrada también se
coloca uno de esos elementos (haz, gavilla o malla) que evitan la entrada
al aljibe de palos y cualquier tipo de basura. Es importante que el agua
entre en el aljibe lo más limpia posible de materia orgánica,
puesto que esta fermentaría y el agua se "atufa",
de tal manera que es imposible beberla. Por este motivo, la limpieza de
regueras y poza es primordial para el buen funcionamiento del aljibe. A
pesar de ello, el agua que entra en el depósito lleva tierra en suspensión
que se sedimenta en el fondo formando una capa de cieno que se ha de extraer
cuando el aljibe se seca.
El agua de mejor calidad
es la recogida en las lluvias otoñales y primaverales y la producida
por el deshielo de la nieve, ya que el agua llega al aljibe a poca velocidad
por lo que entra limpia al depósito. No ocurre esto cuando una tormenta
descarga un fuerte aguacero o pedrisco, pues la velocidad con la que el
agua corre es tal que arrastra todo tipo de detritos, de tal forma que es
preferible desviar la corriente de agua para que no llegue al aljibe.
Cuando el depósito
se queda sin agua se aprovecha para limpiarlo del cieno y, si no se dispone
de otras reservas de agua, es necesario traerla desde algún lugar
donde haya un pozo de aguas permanentes. En otros tiempos, para llevar a
cabo este transporte se colocaba una gran cuba en un carro o en una galera,
realizándose varios viajes hasta que las mínimas necesidades
de agua quedaban cubiertas.
NAVAJOS
O LAVAJOS
Son depresiones artificiales
del terreno cuya finalidad es la de recoger agua de lluvia y servir de abrevadero
al ganado y a los animales de labor. Para su construcción se excava
un gran agujero de varios metros de diámetro, acumulando en sus bordes
la tierra y piedras extraídas, consiguiendo mayor altura y, por tanto,
mayor capacidad. Al igual que los aljibes, se construyen en un terreno en
declive con una o varias regueras, pero sin poza ni otro elemento de limpieza
del agua.
En algunos casos, se
aprovecha una depresión natural que se adapta para conseguir mayor
capacidad.
Actualmente, algunos
aljibes y navajos siguen cumpliendo con su finalidad de ser depósitos
de agua, pero ésta no es de lluvia sino de un pozo que los modernos
medios disponibles han permitido construir en lugares donde antes era imposible
hacerlo.
Sin embargo, la mayor
parte de estos imprescindibles (en otros tiempos) elementos de arquitectura
rural se encuentran totalmente descuidados: regueras y pozas han desaparecido
engullidos por los terrenos de labor; algunas de las construcciones externas,
que nos han permitido la clasificación de los aljibes, o bien se
han hundido o corren el riesgo de hacerlo; garruchas, pilas y pilones se
han cambiado de lugar, y ninguno de estos aljibes recoge ya ni una gota
de "agualluvia".
Navajo excavado en la roca en la Vereda de los Serranos, cerca de Tasoneras (La Roda)